

Como ginecóloga con años de experiencia acompañando a mujeres en cada fase de su vida, he visto cómo la palabra menopausia a menudo se interpreta de forma incompleta. Para mí es fundamental hablar con rigor de las diferentes etapas de la que la conforman, porque entenderlas nos permite acompañar este proceso con conocimiento, criterio médico y empatía.
La menopausia no es un momento aislado ni un síntoma único: es un proceso biológico y endocrino que forma parte del climaterio,el periodo completo de transición en el que cesa la función reproductiva, e incluye una serie de cambios que afectan a múltiples sistemas de nuestro organismo. Reconocer cada fase no solo mejora el control de los síntomas, sino que también facilita estrategias de prevención y autocuidado a largo plazo. En este artículo te las explico con detalle para que puedas entender mejor tu cuerpo.
Aunque coloquialmente se usa “menopausia” para referirse a todo el proceso de envejecimiento reproductivo, desde el punto de vista clínico es útil distinguir varias fases.
La menopausia en sentido estricto es el momento en que hace 12 meses consecutivos sin menstruación y sin causas médicas que lo expliquen; sin embargo, el proceso completo abarca un periodo más largo en el que el cuerpo se adapta a la disminución progresiva de hormonas como el estrógeno y la progesterona y a cambios físicos que marcan el estado de salud durante los siguientes años.
Por eso, cuando una mujer llega a consulta preguntando “¿ya estoy en menopausia?”, casi nunca la respuesta es un sí o un no inmediato. Lo que solemos estar viviendo es un recorrido, con señales que van cambiando con el tiempo y que conviene interpretar con calma y con rigor. A mí me gusta explicarlo así: no es un interruptor que se apaga de golpe, es un proceso en el que el cuerpo va transitando por fases. Y conocer en qué punto estás te ayuda a entender tus síntomas, a cuidarte mejor y a tomar decisiones con más claridad. Para que lo veas de forma sencilla, aquí tienes las claves que debes saber de cada fase.
Estas alteraciones reflejan la irregularidad ovulatoria propia de esta etapa. Además. a nivel hormonal, los cambios también pueden provocar otros síntomas:
Sofocos y sudores nocturnos
Pueden sentirse como una ola de calor que comienza en el pecho o el rostro y se extiende por el cuerpo. Cuando ocurren por la noche, pueden interrumpir el sueño y generar agotamiento acumulado.
Cambios en el estado de ánimo
Es frecuente que aparezcan síntomas de ansiedad, irritabilidad o bajo estado de ánimo. Las fluctuaciones hormonales influyen directamente en neurotransmisores como la serotonina, lo que explica estos cambios emocionales.
Alteraciones del sueño
Dificultad para conciliar el sueño o despertares frecuentes. Muchas veces están relacionados con sofocos nocturnos o con mayor vulnerabilidad emocional.
Cambios en la energía y concentración
Algunas mujeres refieren niebla mental, menor capacidad de concentración o sensación de fatiga.
Disminución progresiva de la fertilidad
Aunque todavía puede haber ovulación, esta es irregular, por lo que el embarazo es menos probable pero no imposible.
Es importante entender que no todas las mujeres experimentan todos los síntomas, ni con la misma intensidad. Cada organismo responde de forma distinta.
¿Cómo abordo la perimenopausia en consulta?
En mi consulta no trato solo síntomas aislados. Trabajo entendiendo que estamos ante una transición endocrina compleja que afecta a todo el organismo.
Lo primero que hago es escuchar y contextualizar. Identifico en qué momento del proceso está la paciente y evalúo si los síntomas corresponden realmente a perimenopausia o si pueden coexistir otras alteraciones hormonales, tiroideas o metabólicas.
La perimenopausia es la primera de las etapas de la menopausia y representa el periodo de transición hacia el cese definitivo de la función ovárica. No es un momento puntual, sino un proceso progresivo que puede durar varios años.
Suele comenzar aproximadamente cuatro años antes de la última menstruación, entre los 40 y los 45 años, aunque puede adelantarse o retrasarse según la biología individual. Durante esta etapa, los ovarios no dejan de funcionar de forma brusca; lo hacen de manera gradual. La ovulación se vuelve irregular y la producción hormonal, especialmente de estrógenos y progesterona, empieza a fluctuar.
Y aquí está la clave: los niveles de estrógeno no simplemente “bajan”. Primero pueden elevarse por encima de lo habitual y después descender de forma marcada. Esta montaña rusa hormonal es la responsable de la mayoría de los síntomas. Comprender esto cambia por completo la manera de interpretar lo que está ocurriendo en el cuerpo.
La perimenopausia es un proceso natural y fisiológico. No es una enfermedad. Pero eso no significa que deba vivirse con resignación si los síntomas afectan a la calidad de vida.
Síntomas de la perimenopausia
El primer signo suele ser la alteración del ciclo menstrual. En consulta, muchas mujeres me dicen: “mi regla ya no es como antes”. Y eso es exactamente lo que ocurre.
Los cambios más frecuentes son:
¿Cómo abordo la perimenopausia en consulta?
En mi consulta no trato solo síntomas aislados. Trabajo entendiendo que estamos ante una transición endocrina compleja que afecta a todo el organismo.
Lo primero que hago es escuchar y contextualizar. Identifico en qué momento del proceso está la paciente y evalúo si los síntomas corresponden realmente a perimenopausia o si pueden coexistir otras alteraciones hormonales, tiroideas o metabólicas.
El abordaje incluye:
Valoración clínica individualizada
Como ginecóloga en Madrid valoro historia ginecológica detallada, patrón menstrual, calidad del sueño, estado emocional, salud metabólica y antecedentes personales y familiares.
Educación y anticipación
Explico qué está ocurriendo a nivel hormonal. Cuando una mujer entiende que sus síntomas tienen una base fisiológica, disminuye la incertidumbre y mejora la capacidad de afrontamiento.
Estrategias terapéuticas personalizadas
Dependiendo de cada caso, puedo plantear:
Prevención a medio y largo plazo
La perimenopausia es una oportunidad para empezar a proteger los huesos, el sistema cardiovascular y la salud metabólica antes de que se consolide el déficit estrogénico más estable de la posmenopausia.
Mi enfoque es integrativo: entiendo que somos más que ovarios y útero. Esta etapa afecta a la piel, al cerebro, al metabolismo, al estado emocional y a la sexualidad. Por eso el abordaje médico es totalmente integral. Si conoces tu cuerpo, mejoras tu salud.

¿En qué consiste esta etapa?
Cuando digo “menopausia”, no me refiero a un periodo largo, sino a un punto concreto del proceso. Como hemos mencionado antes, la menopausia es el momento que confirmamos de forma retrospectiva cuando una mujer lleva 12 meses seguidos sin menstruación y no hay otra causa fisiológica o patológica que lo explique (ni intervención médica de por medio).
Es decir, la menopausia no es “cuando empiezan los sofocos”. Tampoco es “cuando la regla se vuelve irregular” (eso es perimenopausia). La menopausia es el cierre definitivo del sangrado menstrual como reflejo del final de la actividad ovárica cíclica.
En esta fase, el ovario llega a una situación de agotamiento folicular (total o casi total), y se consolida un estado de hipoestrogenismo (niveles bajos sostenidos de estrógenos). Este cambio no impacta solo en el útero: afecta al sistema nervioso, al sueño, a la piel, a la mucosa genital, al hueso, al metabolismo y al riesgo cardiovascular. Por eso, para mí, hablar de menopausia es hablar de salud global, no solo de “dejar de tener la regla”.
También es importante poner contexto: la edad habitual en la que ocurre la menopausia a nivel poblacional suele situarse entre los 45 y los 55 años, con un promedio alrededor de los 51.
Y aquí hago siempre una distinción clínica que cambia el enfoque preventivo:
Síntomas y manifestaciones más frecuentes
En consulta veo dos “bloques” muy típicos de síntomas en torno a la menopausia:
1) Síntomas vasomotores (los más reconocibles)
Los sofocos y los sudores nocturnos son la manifestación clásica. Pueden sentirse como una subida brusca de calor en cara, cuello y pecho, a veces con palpitaciones, sudoración intensa y una sensación posterior de escalofrío. Además, cuando ocurren por la noche, fragmentan el descanso y crean fatiga acumulada. Estos síntomas son los que con más frecuencia se asocian a la transición y a los primeros años tras la última regla.
2) Cambios emocionales, del sueño y cognitivos
Muchas mujeres notan alteraciones del sueño (dificultad para conciliarlo, despertares, sueño no reparador). Y cuando el sueño cae, lo demás se resiente: concentración, energía, paciencia, tolerancia al estrés. También es bastante frecuente que se intensifiquen la ansiedad o el bajo estado de ánimo en esta fase, especialmente si hay antecedentes previos o si los síntomas físicos son intensos.
3) Síndrome genitourinario de la menopausia (GSM)
Con la bajada hormonal, cambian la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga: puede aparecer sequedad, escozor, irritación, dolor con las relaciones, más predisposición a infecciones y síntomas urinarios. Y un mensaje importante: a diferencia de los sofocos, estos síntomas suelen persistir si no se tratan, y pueden ir a más con el tiempo.
4) Consecuencias a medio y largo plazo del déficit estrogénico
A nivel preventivo, aquí está una de las claves: alrededor de la menopausia se aceleran cambios en hueso y perfil cardiometabólico. No significa que “todo vaya a ir mal”, significa que es un momento especialmente útil para revisar factores de riesgo y actuar con estrategia.
Abordaje integral de la menopausia
En mi consulta, el objetivo no es “aguantar” la menopausia. Es entenderla, medir riesgos reales y construir un plan que devuelva estabilidad.
En mujeres mayores de 45 años, si hay síntomas compatibles y el patrón menstrual encaja, en la mayoría de casos el diagnóstico es clínico: historia + calendario menstrual + síntomas + exploración. No me obsesiono con analíticas aisladas porque en esta etapa los marcadores hormonales pueden ser variables y confusos si no se interpretan con criterio.
Hay situaciones donde sí me paro y abro diagnóstico diferencial, porque no todo sofoco es “menopausia” ni toda ausencia de regla es “normal”:
Si hay sequedad, dolor con las relaciones, irritación, cambios urinarios o bajada clara de confort íntimo, hago exploración ginecológica orientada a valorar mucosa, vulva y vagina, porque el síndrome genitourinario no se diagnostica desde el “ya se pasará”. Se diagnostica y se trata.
Plan de tratamiento: estabilidad, no parches
Mi enfoque es integrativo y personalizado. Esto significa que trabajo por capas:
La menopausia no se trata solo con “algo para los sofocos”. Se acompaña con un plan que tenga sentido para tu cuerpo, tu historia clínica y tu momento vital.

¿En qué consiste esta etapa?
La posmenopausia comienza justo después de confirmar los 12 meses consecutivos sin menstruación. A partir de ese momento, hablamos de una mujer posmenopáusica. No es una fase breve: es una etapa que se extiende durante el resto de la vida.
Desde el punto de vista clínico, los sistemas de clasificación como el modelo STRAW (Stages of Reproductive Aging Workshop), que utilizamos como referencia en investigación y práctica médica, subdividen la posmenopausia en fase temprana y tardía.
Los primeros años tras la última regla son especialmente relevantes porque es cuando el organismo termina de adaptarse a un estado hormonal estable, con niveles bajos de estrógenos de forma mantenida.
Aquí ya no estamos ante fluctuaciones, como ocurría en la perimenopausia. Estamos ante un nuevo equilibrio hormonal. Y ese nuevo equilibrio tiene implicaciones en múltiples tejidos: hueso, sistema cardiovascular, mucosas, piel, composición corporal y sistema nervioso.
Por eso, para mí, la posmenopausia no es “el final del proceso”, sino el inicio de una etapa que necesita estrategia y seguimiento.
Manifestaciones clínicas en la posmenopausia
En esta fase pueden ocurrir varias situaciones:
Persistencia de síntomas vasomotores
Aunque muchas mujeres mejoran con el paso del tiempo, los sofocos pueden persistir varios años después de la última menstruación. No es raro que algunas mujeres los mantengan más allá de los cinco o incluso diez años. Cuando interfieren con el sueño, la energía o la calidad de vida, deben abordarse.
Síndrome genitourinario de la menopausia
Aquí vemos con más claridad los efectos del déficit estrogénico mantenido. Puede aparecer o intensificarse la sequedad vaginal, la sensación de irritación, el dolor con las relaciones, los cambios en la lubricación o la mayor predisposición a infecciones urinarias. También pueden aparecer síntomas como urgencia miccional o pequeñas pérdidas de orina.
A diferencia de los sofocos, estos síntomas no suelen mejorar solos con el tiempo. Si no se tratan, tienden a mantenerse o progresar.
Salud ósea
La pérdida de densidad mineral ósea se acelera especialmente en los años cercanos a la última menstruación y continúa después, aunque a menor velocidad. Este es uno de los puntos más importantes desde el punto de vista preventivo, porque la osteoporosis no da síntomas hasta que aparece una fractura.
Salud cardiovascular y metabólica
Tras la menopausia aumentan determinados factores de riesgo cardiovascular. No significa que todas las mujeres vayan a desarrollar enfermedad cardiovascular, pero sí que es un momento clave para revisar perfil lipídico, tensión arterial, glucosa, composición corporal y estilo de vida.
Cambios en composición corporal y piel
Es frecuente observar aumento de grasa abdominal, pérdida de masa muscular y cambios cutáneos relacionados con la disminución de colágeno. Esto no es solo una cuestión estética; tiene implicaciones metabólicas y funcionales.
Cómo la abordo en consulta: estrategia a largo plazo
En la posmenopausia ya no trabajo solo sobre síntomas puntuales. Trabajo sobre salud futura. Mi enfoque se basa en cuatro pilares fundamentales:
1. Evaluación del riesgo cardiovascular personalizada
Valoro antecedentes familiares, tensión arterial, perfil lipídico, metabolismo de la glucosa y estilo de vida. La prevención cardiovascular no empieza cuando aparece un problema; empieza mucho antes.
2. Control y protección de la salud ósea
Evalúo factores de riesgo de osteoporosis y, cuando está indicado, solicito densitometría ósea. Además, pautamos estrategias claras: ejercicio de fuerza, aporte adecuado de proteínas, vitamina D, exposición solar razonable y, si procede, tratamiento médico específico.
3. Cuidado activo de la salud íntima y sexual
Exploro, pregunto y abordo de forma directa los síntomas genitourinarios. El bienestar sexual forma parte de la salud integral. Existen tratamientos locales muy eficaces y seguros que pueden mejorar de forma notable la calidad de vida.
4. Enfoque global e integrativo
Trabajo sueño, gestión del estrés, ejercicio adaptado, nutrición antiinflamatoria y composición corporal. La posmenopausia es una etapa ideal para consolidar hábitos que impacten positivamente en longevidad y funcionalidad.
Además, cuando está indicado y no hay contraindicaciones, valoro opciones terapéuticas hormonales o no hormonales con criterio clínico, individualizando siempre riesgos y beneficios.
Un cambio de mirada
Me gusta transmitir algo importante: la posmenopausia no es una etapa de decadencia, es una etapa de adaptación. El cuerpo funciona de otra manera, sí. Pero con seguimiento adecuado, prevención activa y decisiones médicas informadas, puede ser una etapa de estabilidad, energía y salud sólida a largo plazo.
La clave no es “gestionar síntomas” aislados. La clave es entender que estamos ante una nueva fase fisiológica que merece atención estratégica. Y cuando la abordamos así, deja de ser un terreno incierto para convertirse en una etapa consciente y acompañada.
Un cambio de mirada
Me gusta transmitir algo importante: la posmenopausia no es una etapa de decadencia, es una etapa de adaptación. El cuerpo funciona de otra manera, sí. Pero con seguimiento adecuado, prevención activa y decisiones médicas informadas, puede ser una etapa de estabilidad, energía y salud sólida a largo plazo.
La clave no es “gestionar síntomas” aislados. La clave es entender que estamos ante una nueva fase fisiológica que merece atención estratégica. Y cuando la abordamos así, deja de ser un terreno incierto para convertirse en una etapa consciente y acompañada.
¿Por qué es importante comprender las etapas de la menopausia?
Identificar correctamente en qué fase del proceso se encuentra una mujer no es una cuestión de etiquetas, sino una herramienta diagnóstica y terapéutica que permite personalizar el abordaje clínico.
La evidencia científica subraya que síntomas como los sofocos o las alteraciones del ánimo pueden variar ampliamente en intensidad y duración dependiendo de la etapa en la que se esté, y que reconocer estos patrones ayuda a ofrecer el apoyo adecuado.
Además, la comprensión de estas fases facilita un enfoque preventivo frente a condiciones que pueden surgir más adelante, como osteoporosis o enfermedades cardiovasculares, preparándolo todo con medidas concretas de salud, nutrición y estilo de vida.
Las etapas de la menopausia forman parte de un continuo natural que influye en tu salud presente y futura. Comprenderlas no es solo información, es una herramienta de prevención. Desde la transición hormonal hasta la posmenopausia, cada momento merece una mirada clínica integral y un plan adaptado a ti. Porque cuando hay conocimiento y acompañamiento, la menopausia deja de ser incertidumbre y se convierte en una etapa de cuidado consciente. Si sientes que estás atravesando alguna de las etapas de la menopausia y quieres entender mejor lo que está ocurriendo en tu cuerpo, estaré encantada de acompañarte, pide tu cita y descubre la diferencia.

Soy la doctora Bárbara Fernández del Bas, ginecóloga especialista en sexología, ginecología integrativa, funcional y medicina antienvejecimiento. Gracias a mi formación, la aproximación a mis pacientes siempre es de forma global. Soy consciente de que somos más que mamas, útero y ovarios. Somos un todo. Por eso, siempre busco los últimos avances científicos para ponerlos a disposición de toda mujer que los necesite
