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Terapia hormonal sustitutiva en la menopausia: mitos, beneficios y características

terapia hormonal sustitutiva

Durante años, la terapia hormonal sustitutiva ha estado rodeada de dudas, titulares alarmistas y mensajes contradictorios. Mientras algunas mujeres la consideran el tratamiento más eficaz para los síntomas de la menopausia, otras la rechazan por miedo al cáncer de mama, la trombosis o las enfermedades cardiovasculares.

La realidad es más compleja que un simple “es buena” o “es perjudicial”. La seguridad y los posibles beneficios de la terapia hormonal en la menopausia dependen de muchos factores: la edad de la mujer, el momento en el que se inicia, sus antecedentes médicos, la intensidad de los síntomas, el tipo de hormonas utilizadas, la dosis y la vía de administración.

Tampoco todas las mujeres necesitan el mismo tratamiento. Algunas presentan sofocos y sudores nocturnos intensos; otras sufren insomnio, sequedad vaginal, dolor durante las relaciones sexuales, cambios emocionales o una combinación de varios síntomas. Por eso, la decisión de comenzar una terapia hormonal sustitutiva debe partir siempre de una valoración individual y de una conversación informada con una especialista.

El objetivo no es medicalizar una etapa natural ni prometer que las hormonas resolverán cualquier cambio asociado al paso del tiempo. El objetivo es reconocer cuándo los síntomas afectan realmente a la calidad de vida y valorar qué tratamiento puede ofrecer el mejor equilibrio entre beneficios y riesgos.

¿Qué es la terapia hormonal sustitutiva?

La terapia hormonal sustitutiva, también denominada terapia hormonal de la menopausia, es un tratamiento basado principalmente en la administración de estrógenos y, cuando es necesario, de un progestágeno.

Durante la perimenopausia y la menopausia, la producción ovárica de estrógenos disminuye y puede fluctuar de forma irregular. Estos cambios hormonales están relacionados con síntomas como los sofocos, los sudores nocturnos, las alteraciones del sueño y el síndrome genitourinario de la menopausia.

La terapia hormonal trata de compensar parcialmente este descenso hormonal para aliviar los síntomas. No pretende detener el envejecimiento ni conseguir que el organismo vuelva exactamente a su estado previo a la menopausia.

Existen dos esquemas fundamentales:

Las mujeres que han sido sometidas a una histerectomía y, por tanto, no tienen útero, pueden recibir únicamente estrógenos si no existen contraindicaciones.

Las mujeres que conservan el útero necesitan asociar un progestágeno a la terapia sistémica con estrógenos. Esta combinación protege el endometrio frente a la estimulación estrogénica y reduce el riesgo de hiperplasia y cáncer endometrial.

Cuando el único problema es la sequedad vaginal, el escozor, el dolor en las relaciones sexuales u otros síntomas genitourinarios, puede utilizarse un tratamiento estrogénico local a dosis bajas, sin necesidad de administrar siempre un tratamiento sistémico.

¿Para qué sirve la terapia hormonal en la menopausia?

La principal indicación de la terapia hormonal sustitutiva es aliviar síntomas de la menopausia que tienen un impacto significativo sobre el descanso, la actividad cotidiana, el bienestar emocional, la sexualidad o la calidad de vida.

No todas las mujeres experimentan esta etapa de la misma manera. Algunas apenas presentan molestias, mientras que otras ven alterado su sueño, su rendimiento profesional, sus relaciones y su bienestar general.
La terapia hormonal es el tratamiento más eficaz para los síntomas vasomotores, es decir, los sofocos y los sudores nocturnos. También puede mejorar las alteraciones del sueño cuando están relacionadas con los episodios vasomotores nocturnos.

En la práctica, no se trata únicamente de contar el número de sofocos. Es importante valorar cómo afectan los síntomas al conjunto de la mujer. El insomnio mantenido, el cansancio, la irritabilidad y la sensación de no reconocerse pueden tener un impacto tan importante como las manifestaciones físicas más visibles.

La elección del tratamiento debe partir, por tanto, de la calidad de vida, las preferencias personales y el perfil clínico de cada mujer. En la documentación aportada sobre tratamientos hormonales se insiste precisamente en que no existen una dosis, una formulación ni una duración idénticas para todas las pacientes.

terapia hormonal sustitutiva

Beneficios de la terapia hormonal sustitutiva

Mejora los sofocos y los sudores nocturnos

Los sofocos son uno de los síntomas más conocidos de la menopausia. Pueden aparecer durante el día o la noche y, en los casos moderados o intensos, interferir con el trabajo, el descanso y la vida social.

Los distintos tipos de estrógenos y sus diferentes vías de administración pueden reducir la frecuencia y la intensidad de los sofocos. La respuesta no es exactamente igual en todas las mujeres, por lo que puede ser necesario ajustar la dosis o cambiar la vía de administración durante el seguimiento.

Puede mejorar el sueño

La terapia hormonal puede ayudar cuando el insomnio está provocado o agravado por los sofocos y los sudores nocturnos. Al disminuir los despertares relacionados con estos episodios, muchas mujeres experimentan una mejoría en la continuidad y la calidad del sueño.

Sin embargo, no todos los problemas de sueño en la menopausia son hormonales. El síndrome de piernas inquietas, la apnea del sueño, la ansiedad, los hábitos inadecuados o un trastorno primario del sueño requieren una valoración específica. La terapia hormonal no sustituye el estudio de otras causas.

Puede aliviar algunos cambios emocionales

Durante la transición menopáusica pueden aparecer irritabilidad, labilidad emocional, ansiedad o síntomas depresivos. La terapia hormonal puede mejorar el estado de ánimo y la sensación de niebla mental en algunas mujeres, especialmente cuando los cambios emocionales coinciden con sofocos, insomnio y fluctuaciones hormonales propias de la perimenopausia.

Esto no significa que los estrógenos sean un tratamiento general para la depresión. Cuando existen síntomas intensos, persistentes o que afectan al funcionamiento diario, debe realizarse una valoración integral y contemplar otras intervenciones psicológicas o farmacológicas.

Ayuda frente al síndrome genitourinario de la menopausia

La disminución de estrógenos puede producir sequedad vaginal, irritación, picor, menor lubricación, dolor durante las relaciones sexuales, urgencia urinaria o infecciones urinarias recurrentes. Este conjunto de síntomas se denomina síndrome genitourinario de la menopausia.

Cuando estos síntomas aparecen de forma aislada, el estrógeno vaginal a dosis bajas suele ser una opción más adecuada que el tratamiento sistémico. Se administra directamente en la zona mediante cremas, óvulos, comprimidos o dispositivos vaginales, según el caso.

Al tratarse de un problema que puede mantenerse o progresar con el tiempo, el tratamiento local no tiene por qué limitarse automáticamente a unas pocas semanas. Su duración debe individualizarse y revisarse periódicamente.

Protege la masa ósea

La pérdida de estrógenos acelera la disminución de la densidad mineral ósea. La terapia hormonal sistémica ayuda a prevenir la pérdida de masa ósea y reduce el riesgo de fracturas mientras se mantiene el tratamiento.

Aun así, la terapia hormonal no se prescribe de forma generalizada únicamente para prevenir enfermedades crónicas. La indicación se basa principalmente en el tratamiento de síntomas y en el perfil global de la mujer. En pacientes con un riesgo elevado de osteoporosis, deben valorarse además el ejercicio de fuerza, la alimentación, la vitamina D, el calcio y, cuando sea necesario, tratamientos específicos para el hueso.

¿Cuál es el mejor momento para iniciar el tratamiento?

Uno de los avances más importantes en la interpretación de la terapia hormonal es la llamada hipótesis de la ventana de oportunidad.

En mujeres sanas, con síntomas y sin contraindicaciones, el balance entre beneficios y riesgos suele ser más favorable cuando la terapia hormonal se inicia antes de los 60 años o dentro de los 10 años posteriores al comienzo de la menopausia.

Esto no significa que cumplir 60 años obligue a interrumpir inmediatamente el tratamiento ni que ninguna mujer pueda utilizarlo después. Significa que empezar una terapia sistémica por primera vez muchos años después de la menopausia requiere una valoración especialmente cuidadosa del riesgo cardiovascular, trombótico y mamario.

Tampoco debe interpretarse como una invitación a tratar hormonalmente a todas las mujeres menores de 60 años. La edad es solo uno de los factores que deben tenerse en cuenta.

¿Qué ocurrió con el estudio WHI?

En 2002 se publicaron los primeros resultados de la Women’s Health Initiative, conocida como WHI. El estudio relacionó una determinada combinación oral de estrógenos equinos conjugados y acetato de medroxiprogesterona con un aumento de algunos riesgos, como el cáncer de mama y los eventos cardiovasculares.

La difusión de estos resultados provocó una caída muy importante en la prescripción de la terapia hormonal y generó un miedo que todavía persiste.

Con el tiempo, los análisis por edades, tratamientos y años transcurridos desde la menopausia permitieron interpretar los datos con más precisión. Muchas participantes tenían una edad superior a la habitual de las mujeres que consultan para comenzar el tratamiento de sus síntomas, y una parte había iniciado la terapia bastante tiempo después de la menopausia.

Además, el estudio evaluó unas formulaciones concretas. No permite afirmar que todos los estrógenos, todos los progestágenos, todas las dosis y todas las vías tengan exactamente el mismo perfil de riesgo.

La lección actual no es que el WHI estuviera “equivocado”, sino que sus resultados no deben aplicarse de forma idéntica a cualquier mujer ni a cualquier tratamiento. La edad, el momento de inicio y la formulación empleada importan.

Riesgos asociados y la realidad de los mismos

La terapia hormonal sustitutiva es un tratamiento médico y, como cualquier tratamiento, puede provocar efectos adversos y presentar riesgos. Hablar de ellos con claridad no significa demonizarla, sino utilizarla de forma responsable.

Riesgo de cáncer de mama

La relación entre terapia hormonal y cáncer de mama depende del tipo de tratamiento y de la duración.

La terapia combinada con estrógeno y determinados progestágenos puede asociarse a un aumento del riesgo de cáncer de mama, especialmente conforme se prolonga el uso. El riesgo absoluto de una mujer concreta también depende de su edad, antecedentes familiares, densidad mamaria, consumo de alcohol, composición corporal y otros factores.

El estrógeno sin progestágeno en mujeres sin útero presenta un perfil diferente y en algunos análisis del WHI no se asoció al mismo incremento observado con el tratamiento combinado.

Por este motivo, no se debe hablar del riesgo mamario de “las hormonas” como si todas las terapias fueran iguales. Antes de iniciar el tratamiento deben revisarse los antecedentes personales y familiares, mantener el programa de cribado correspondiente y reevaluar periódicamente la indicación.

Riesgo de cáncer de endometrio

El uso de estrógeno sistémico sin oposición en una mujer que conserva el útero aumenta el riesgo de hiperplasia y cáncer de endometrio. Para evitarlo, debe asociarse un progestágeno en una pauta capaz de proteger el endometrio.

En las mujeres sin útero no es necesaria esta protección. Tampoco suele requerirse añadir un progestágeno cuando se utiliza únicamente estrógeno vaginal a dosis bajas, aunque cada situación clínica debe revisarse individualmente.

Cualquier sangrado vaginal después de la menopausia debe ser valorado. Al comenzar una terapia combinada pueden aparecer manchados durante los primeros meses, pero el sangrado persistente, intenso o que reaparece después de un periodo sin sangrar requiere estudio.

Trombosis venosa

La terapia hormonal sistémica puede aumentar el riesgo de trombosis venosa, pero este riesgo no es igual con todas las vías de administración.

El estrógeno oral pasa primero por el hígado y tiene un mayor efecto sobre algunos factores de la coagulación. La vía transdérmica, mediante parches, geles o aerosoles cutáneos, evita en gran medida este primer paso hepático y suele preferirse cuando existe un riesgo trombótico mayor, hipertrigliceridemia, enfermedad de la vesícula o determinados factores cardiovasculares.

La elección entre la vía oral y la transdérmica debe tener en cuenta los antecedentes de trombosis, el peso, el tabaquismo, la migraña, la presión arterial y el riesgo cardiovascular global.

Riesgo cardiovascular y de ictus

La terapia hormonal no debe iniciarse con el objetivo de prevenir infartos o enfermedades cardiovasculares. En mujeres jóvenes, sanas, sintomáticas y próximas al inicio de la menopausia, el riesgo absoluto suele ser bajo. En cambio, iniciar el tratamiento en edades avanzadas o en presencia de enfermedad cardiovascular conocida puede aumentar los riesgos.

La historia de infarto, enfermedad coronaria, ictus o accidente isquémico transitorio suele contraindicar la terapia hormonal sistémica o exigir una valoración altamente especializada.

¿Quién no debe utilizar terapia hormonal sistémica?

La terapia hormonal sustitutiva no está indicada para todas las mujeres. Entre las situaciones en las que generalmente se evita o se requiere una valoración especializada se encuentran:

  • Antecedentes personales de cáncer de mama.
  • Sangrado vaginal sin estudiar.
  • Antecedentes de trombosis venosa o embolia pulmonar.
  • Enfermedad coronaria, infarto o ictus.
  • Enfermedad hepática activa.
  • Algunos cánceres de endometrio de alto riesgo.
  • Hipersensibilidad o contraindicación específica para alguno de los componentes.

Esta lista no sustituye la valoración clínica. Algunas situaciones presentan matices y deben analizarse junto con el equipo que controla la enfermedad de base.

Por ejemplo, las mujeres con antecedentes de determinados cánceres ginecológicos no deben recibir todas la misma recomendación. El tipo de tumor, el estadio, los receptores hormonales y el tratamiento previo son fundamentales para tomar una decisión.

Tipos de terapia hormonal para la menopausia

No existe una única terapia hormonal. Actualmente hay múltiples posibilidades que permiten adaptar el tratamiento a los síntomas, los antecedentes y las preferencias de cada mujer.

Estrógenos sistémicos

Se utilizan cuando existen síntomas generales, especialmente sofocos y sudores nocturnos. Pueden administrarse por vía oral o a través de la piel mediante parches, geles o aerosoles.

La vía transdérmica puede ser especialmente útil en mujeres con determinados factores de riesgo metabólico o trombótico. La vía oral sigue siendo una opción razonable para algunas pacientes, siempre que su perfil clínico lo permita.

Progestágenos

Las mujeres con útero necesitan un progestágeno cuando reciben estrógenos sistémicos. Puede administrarse de forma continua o cíclica.

En una pauta continua se toman ambos componentes de forma habitual y el objetivo es alcanzar la ausencia de sangrado. En una pauta cíclica, el progestágeno se administra determinados días del mes y puede producirse un sangrado por deprivación.

La progesterona micronizada y los distintos progestágenos sintéticos no son exactamente iguales. Sus posibles efectos sobre el sueño, el sangrado, la mama, el metabolismo y la tolerancia pueden variar, aunque la elección debe basarse en la evidencia disponible y en las características de la paciente.

Estrógenos vaginales

Los estrógenos vaginales se utilizan para tratar sequedad, irritación, dolor con las relaciones sexuales y otros síntomas del síndrome genitourinario. Actúan principalmente a nivel local y producen una exposición sistémica mucho menor que los tratamientos destinados a los sofocos.

No deben confundirse con lubricantes o hidratantes vaginales. Estos productos pueden ser útiles, pero no tienen el mismo efecto sobre los tejidos vulvovaginales.

Otras formulaciones

Existen también combinaciones de estrógenos con moduladores selectivos del receptor estrogénico, tibolona y otras formulaciones que pueden ser adecuadas para determinados perfiles.

No se debe elegir una terapia porque esté de moda o porque haya funcionado bien a otra mujer. La vía, la dosis y la combinación deben seleccionarse en función de las necesidades y los riesgos individuales.

Terapia hormonal bioidéntica: ¿es más natural y segura?

El término “bioidéntico” genera mucha confusión.

Una hormona bioidéntica es aquella cuya estructura molecular es idéntica a la hormona producida por el organismo. Algunos tratamientos farmacológicos autorizados, como el estradiol y la progesterona micronizada, cumplen esta característica.

Otra cuestión diferente son las fórmulas magistrales personalizadas, promocionadas a veces como hormonas bioidénticas “naturales”. Estas preparaciones pueden combinar varias hormonas y ajustar su dosis a partir de análisis de sangre o saliva.

No existe evidencia sólida de que las fórmulas hormonales compuestas sean más eficaces o más seguras que los medicamentos autorizados. Además, pueden presentar variaciones en su concentración, absorción, estabilidad o pureza. Las sociedades científicas recomiendan priorizar los tratamientos hormonales regulados cuando existen opciones adecuadas.

“Natural” no significa automáticamente inocuo y “bioidéntico” no equivale a personalizado, libre de riesgos o superior.

Mitos sobre la terapia hormonal sustitutiva

“La terapia hormonal siempre causa cáncer”

No. La relación con el cáncer depende del tipo de hormona, la combinación, el tiempo de uso y el riesgo basal de cada mujer. La terapia combinada puede aumentar el riesgo de cáncer de mama con el uso prolongado, mientras que el perfil del estrógeno solo es diferente.

El estrógeno sistémico sin progestágeno sí aumenta el riesgo de cáncer endometrial cuando la mujer conserva el útero, razón por la que debe añadirse protección endometrial.

El mensaje correcto no es que la terapia hormonal cause siempre cáncer ni que carezca por completo de riesgos. El mensaje es que el riesgo debe calcularse, contextualizarse y revisarse.

“Todas las mujeres deben tomar hormonas”

No. Muchas mujeres atraviesan la menopausia sin síntomas relevantes o consiguen manejarlos mediante otras intervenciones.

La terapia hormonal está destinada principalmente a mujeres cuyos síntomas afectan a su calidad de vida y que no presentan contraindicaciones. La decisión debe respetar tanto a quien desea utilizarla como a quien prefiere una alternativa no hormonal.

“Las hormonas engordan”

La terapia hormonal no debe considerarse una causa automática de aumento de peso. Durante la transición menopáusica pueden cambiar la composición corporal, la masa muscular, la distribución de la grasa, el sueño, el apetito y la actividad física.

Algunas mujeres pueden experimentar hinchazón o retención de líquidos al comenzar el tratamiento, pero esto no equivale necesariamente a un aumento permanente de grasa corporal. En los estudios incluidos en el material facilitado, determinadas combinaciones no mostraron cambios significativos en el peso o la presión arterial durante el seguimiento, aunque estos resultados no deben extrapolarse a cualquier formulación o paciente.

“Hay que suspenderla obligatoriamente después de cinco años”

No existe una duración universal válida para todas las mujeres. La necesidad de continuar depende de la edad, la persistencia de los síntomas, la dosis utilizada y la evolución de los riesgos.

Algunas mujeres pueden reducir o retirar el tratamiento tras unos años, mientras que otras continúan presentando sofocos intensos. Las principales sociedades científicas aceptan que determinadas mujeres sigan utilizando terapia hormonal más allá de los 60 o 65 años cuando los beneficios continúan superando los riesgos y existe un seguimiento adecuado.

No debe mantenerse indefinidamente por inercia, pero tampoco suspenderse solo por haber alcanzado una edad concreta.

“Solo sirve para los sofocos”

Los sofocos son su indicación principal, pero no la única manifestación que puede mejorar. También puede ayudar con los sudores nocturnos, el sueño alterado por síntomas vasomotores y el síndrome genitourinario.

En algunas mujeres puede contribuir al bienestar emocional durante la perimenopausia y proteger el hueso mientras se utiliza, aunque no debe recetarse como tratamiento general del envejecimiento, la demencia o cualquier problema emocional.

“La terapia hormonal funciona como anticonceptivo”

No. La terapia hormonal de la menopausia no evita el embarazo.
Durante la perimenopausia todavía puede existir ovulación, aunque los ciclos sean irregulares. Las mujeres que necesiten anticoncepción deben valorar un método específico. En algunos casos pueden combinarse estrategias para controlar los síntomas, el sangrado y el riesgo de embarazo.

¿Qué efectos secundarios pueden aparecer?

Durante los primeros meses pueden aparecer tensión mamaria, hinchazón, náuseas, cambios de humor, dolor de cabeza o sangrado irregular.

Estos efectos no significan necesariamente que el tratamiento deba suspenderse. A veces mejoran al reducir la dosis, cambiar el tipo de progestágeno, modificar la pauta o utilizar otra vía de administración.

Sin embargo, cualquier sangrado inesperado debe comunicarse. Las recomendaciones NICE actualizadas en abril de 2026 insisten en valorar el momento de aparición, la duración y las características del sangrado durante la terapia hormonal sistémica.

También debe consultarse de forma urgente ante dolor o hinchazón repentina en una pierna, falta de aire, dolor torácico, síntomas neurológicos, ictericia u otros signos de alarma.

¿Qué valoración se realiza antes de comenzar?

Antes de iniciar una terapia hormonal sustitutiva no basta con solicitar una analítica hormonal. En muchas mujeres mayores de 45 años, el diagnóstico de la transición menopáusica se basa principalmente en los síntomas y en los cambios del ciclo.

La valoración debe incluir los antecedentes personales y familiares, el patrón menstrual, la presencia de sangrado anormal, la intensidad de los síntomas, la presión arterial, el consumo de tabaco y alcohol, la salud mamaria, el riesgo cardiovascular, el riesgo trombótico, la salud ósea y los tratamientos que ya utiliza la mujer.

También es importante conocer si conserva el útero, si necesita anticoncepción y cuáles son sus preferencias. No todas las pacientes se sienten cómodas con la misma vía de administración o con la posibilidad de presentar sangrados.

Las pruebas complementarias se solicitan según la edad, los antecedentes y los hallazgos clínicos. Una batería indiscriminada de análisis hormonales no permite diseñar por sí sola el tratamiento perfecto.

Seguimiento de la terapia hormonal

El tratamiento debe revisarse después de iniciarlo para comprobar si los síntomas han mejorado, si han aparecido efectos secundarios y si la mujer utiliza correctamente la medicación.

Puede ser necesario ajustar la dosis durante los primeros meses. La documentación aportada plantea una primera evaluación alrededor de las 12 semanas para revisar eficacia, tolerancia y adherencia.

Posteriormente, el seguimiento debe realizarse de forma periódica. En estas revisiones se valoran la calidad de vida, el sangrado, la presión arterial, la salud mamaria, la aparición de nuevos antecedentes y la conveniencia de mantener, reducir, cambiar o retirar el tratamiento.

La terapia hormonal debe mantenerse durante el tiempo en el que los beneficios continúen compensando los posibles riesgos. La decisión puede cambiar a lo largo de los años.

¿Cómo se retira la terapia hormonal?

La terapia puede suspenderse de forma gradual o directa. Los estudios no han demostrado de manera concluyente que una estrategia sea siempre superior a la otra.

Algunas mujeres prefieren reducir poco a poco la dosis porque temen la reaparición brusca de los sofocos. Otras pueden dejarla sin dificultades.

Es frecuente que los síntomas reaparezcan después de la retirada, especialmente cuando seguían activos antes de disminuir la dosis. En ese caso, se puede valorar una reducción más lenta, una alternativa no hormonal o, en mujeres seleccionadas, la continuación del tratamiento a una dosis menor.

No es recomendable modificar o suspender la terapia sin comentar previamente los síntomas y el motivo con la especialista.

¿Existen alternativas no hormonales?

Sí. Cuando la mujer no puede o no quiere utilizar hormonas, existen alternativas que deben adaptarse al síntoma predominante.

Para los sofocos pueden valorarse determinados antidepresivos, gabapentina, oxibutinina y antagonistas del receptor de neuroquinina 3, como fezolinetant. La terapia cognitivo-conductual específica también puede ayudar a reducir el impacto de los síntomas y mejorar el sueño.

Para la sequedad y las molestias vulvovaginales pueden utilizarse hidratantes vaginales, lubricantes y otros tratamientos locales no estrogénicos.

El ejercicio, el entrenamiento de fuerza, una alimentación adecuada, el abandono del tabaco, la reducción del alcohol y unos hábitos de sueño saludables forman parte del cuidado global. Son importantes tanto si se utiliza terapia hormonal como si se elige otra opción, pero no siempre sustituyen un tratamiento médico cuando los síntomas son intensos.

Los complementos alimenticios y productos de herbolario tampoco están libres de efectos secundarios o interacciones. Su eficacia para los sofocos es variable y no deben utilizarse como si fueran siempre alternativas inocuas.

Terapia hormonal sustitutiva: una decisión personalizada

La terapia hormonal sustitutiva no es perjudicial por definición, pero tampoco es un tratamiento que deba prescribirse de manera automática. Bien indicada, en una mujer correctamente seleccionada y con el seguimiento adecuado, puede mejorar de forma considerable los sofocos, el sueño, la salud genitourinaria y la calidad de vida.

La clave está en abandonar los mensajes extremos. Ni todas las hormonas son iguales ni todas las mujeres presentan los mismos riesgos. Importan el momento de inicio, la vía de administración, la dosis, el tipo de progestágeno, los antecedentes y los síntomas que se quieren tratar.

Como ginecóloga en Madrid especializada en menopausia, mi objetivo es ayudarte a comprender qué está ocurriendo en tu cuerpo y valorar todas las opciones disponibles desde una perspectiva global. La medicina ha avanzado y hoy podemos diseñar tratamientos mucho más personalizados, teniendo en cuenta no solo los sofocos, sino también el descanso, la sexualidad, la salud ósea, el bienestar emocional y el riesgo individual.

La menopausia no tiene que vivirse desde el miedo ni desde la resignación. Informarse, revisar la evidencia y tomar decisiones compartidas permite encontrar el tratamiento que mejor se adapte a cada mujer. Si sientes que no puedes más en esta etapa y quieres mejorar tu calidad de vida, pide tu cita, estoy aquí para ayudarte.

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Soy la doctora Bárbara Fernández del Bas, ginecóloga especialista en sexología, ginecología integrativa, funcional y medicina antienvejecimiento. Gracias a mi formación, la aproximación a mis pacientes siempre es de forma global. Soy consciente de que somos más que mamas, útero y ovarios. Somos un todo. Por eso, siempre busco los últimos avances científicos para ponerlos a disposición de toda mujer que los necesite