

Durante años, el climaterio ha sido una etapa poco explicada y, en muchos casos, simplificada bajo una única palabra: menopausia. Sin embargo, el climaterio no es un momento puntual, sino un proceso fisiológico complejo que puede extenderse durante varios años y que implica cambios hormonales, metabólicos, musculares, óseos y emocionales.
Desde el punto de vista médico, el climaterio marca la transición entre la etapa reproductiva y la no reproductiva de la mujer. Incluye la perimenopausia, periodo de transición con ciclos irregulares y fluctuaciones hormonales; la menopausia, definida como el cese definitivo de la menstruación tras 12 meses consecutivos sin regla; y los años posteriores. Es, por tanto, un proceso progresivo y profundamente individual.
Los síntomas del climaterio no se limitan a los sofocos. Cada mujer puede experimentar esta etapa de forma distinta, y entender esos síntomas a tiempo permite realizar un abordaje más preventivo y personalizado.
En los últimos años, la investigación científica ha comenzado a prestar más atención a esta etapa, no solo desde el abordaje hormonal clásico, sino también desde la perspectiva de la prevención y la salud metabólica a largo plazo. Sabemos que el mantenimiento de la masa muscular, la fuerza y la función cognitiva adquieren un papel central en la calidad de vida futura de la mujer.
En este contexto, surgen nuevas líneas de estudio sobre estrategias nutricionales y de ejercicio que puedan acompañar este proceso. Entre ellas, la suplementación con creatina está despertando interés por su posible papel en la salud muscular, ósea y cognitiva femenina.
Comprender el climaterio desde una visión integral y basada en evidencia permite no solo tratar síntomas, sino anticiparnos y proteger la salud de la mujer en esta etapa de transformación.
En consulta, muchas mujeres llegan preocupadas porque sienten que «algo está cambiando» en su cuerpo, pero no saben exactamente qué es. Algunas hablan de menopausia. Otras creen que aún es pronto. Y muchas no han oído nunca la palabra climaterio.
Por eso, lo primero que suelo explicar es que el climaterio no es lo mismo que la menopausia, aunque estén estrechamente relacionados.
El climaterio es el periodo de transición fisiológica que marca el paso desde la etapa reproductiva hacia la no reproductiva de la mujer. Incluye los años previos a la última menstruación, la menopausia en sí y los años posteriores. Es, por tanto, un proceso amplio, progresivo y profundamente individual.
Desde el punto de vista clínico, la menopausia es un momento concreto dentro del climaterio. Se diagnostica de forma retrospectiva tras 12 meses consecutivos sin menstruación, siempre que no exista otra causa médica que explique la ausencia de regla.
Sin embargo, los cambios hormonales en el climaterio comienzan mucho antes de esa última menstruación.
Durante el climaterio se produce una disminución progresiva de la función ovárica. Esto implica una reducción gradual en la producción de estrógenos y progesterona debido al agotamiento folicular.
Como consecuencia:
En consulta suelo explicar que no se trata de una «caída brusca» inicial, sino de una etapa de variabilidad hormonal. Esa oscilación es la que explica muchos de los síntomas del climaterio en fases tempranas.
Estos cambios no afectan únicamente al ciclo menstrual. Los estrógenos actúan en múltiples tejidos del organismo: músculo, hueso, sistema cardiovascular y cerebro. Por eso, cuando disminuyen, el impacto es sistémico.
Para comprender mejor la transición menopáusica, es importante diferenciar sus fases:
Perimenopausia o transición menopáusica: Es el periodo en el que comienzan las irregularidades menstruales y los primeros síntomas del climaterio. Puede iniciarse varios años antes de la menopausia.
Menopausia: Se confirma tras 12 meses consecutivos sin menstruación.
Posmenopausia: Fase posterior en la que el déficit estrogénico se estabiliza y se consolidan algunos cambios metabólicos y óseos.
Entender estas etapas es clave para realizar un abordaje adecuado del climaterio y no minimizar síntomas que muchas veces se atribuyen únicamente al estrés o al paso del tiempo.
Cuando hablo de climaterio en consulta, siempre insisto en que no es solo una cuestión ginecológica.
El descenso progresivo de estrógenos influye en:
Por eso, el tratamiento del climaterio no debe centrarse únicamente en aliviar sofocos, sino en proteger la salud global de la mujer a medio y largo plazo.
Una de las frases que más escucho en consulta es: «Doctora, siento que mi cuerpo ya no responde igual».
Y es cierto. Durante el climaterio, el cuerpo cambia. No de un día para otro, pero sí de forma progresiva y, en ocasiones, desconcertante.
Cuando explico los cambios hormonales en el climaterio, siempre aclaro algo importante: no estamos hablando solo de reglas irregulares o sofocos. Estamos hablando de una reorganización fisiológica profunda que afecta al músculo, al hueso, al metabolismo, al sueño y también al estado emocional.
Comprender estos cambios es el primer paso para poder intervenir a tiempo.
Muchas mujeres me dicen:
«Estoy comiendo igual que siempre y, aun así, he ganado grasa abdominal».
«Otra cosa que noto es que me cuesta más mantener el tono muscular».
Durante la transición menopáusica, la pérdida de masa muscular puede acelerarse debido al descenso estrogénico. Los estrógenos participan en la regulación de la síntesis proteica y en la función mitocondrial muscular. Cuando disminuyen, el músculo se vuelve más vulnerable a la pérdida de fuerza y masa magra.
Además, se produce una redistribución de la grasa corporal. Aunque el peso no cambie de forma significativa, aumenta la tendencia a acumular grasa visceral, especialmente en la zona abdominal. Y este cambio no es solo estético: se asocia a mayor riesgo cardiometabólico.
Por eso, cuando abordo el climaterio en consulta, no me centro únicamente en la báscula, sino en la composición corporal y en la preservación del músculo como órgano metabólico clave.
Otra preocupación frecuente es el riesgo de osteoporosis.
El hueso es uno de los tejidos más sensibles al déficit estrogénico. Los estrógenos regulan el equilibrio entre formación y resorción ósea. Al disminuir, aumenta la actividad de los osteoclastos y se acelera la pérdida de densidad mineral ósea.
En los primeros años tras la menopausia puede producirse una pérdida significativa de masa ósea. Por eso insisto en que el climaterio es una ventana de oportunidad para prevenir fracturas futuras, no para actuar cuando el problema ya está establecido.
En consulta, esto implica valorar factores de riesgo, solicitar pruebas cuando están indicadas y trabajar desde la prevención activa.
Muchas veces el cambio más silencioso es el metabólico.
Durante el climaterio puede aumentar el colesterol LDL, disminuir el HDL y aparecer mayor resistencia a la insulina. Además, la grasa tiende a redistribuirse hacia el abdomen, lo que incrementa el riesgo cardiovascular.
Algunas mujeres me dicen: «Nunca había tenido alteraciones en la analítica y ahora todo empieza a cambiar».
Es importante entender que no se trata simplemente de «hacerse mayor», sino de un contexto hormonal diferente. Y eso requiere un seguimiento específico.
Por eso, en el abordaje del climaterio incluyo siempre la valoración del perfil metabólico y cardiovascular.
Otro motivo frecuente de consulta es la llamada «niebla mental».
Dificultad para concentrarse, olvidos puntuales, sensación de lentitud cognitiva. Los estrógenos tienen un papel relevante en áreas cerebrales relacionadas con memoria y regulación emocional. Su descenso puede influir en estas funciones.
También aumenta la vulnerabilidad a síntomas depresivos o cambios de ánimo durante la transición menopáusica.
Cuando una paciente me dice: «No me reconozco, estoy más irritable o más triste sin motivo claro», mi primera respuesta es validar esa experiencia y explicar que el climaterio no solo es físico, también es neuroendocrino.
El insomnio es uno de los síntomas del climaterio que más impactan en la calidad de vida.
A veces está relacionado con sofocos nocturnos. Otras veces aparece como dificultad para mantener el sueño, incluso sin síntomas vasomotores evidentes.
Y cuando el sueño se altera, todo se amplifica: fatiga, irritabilidad, aumento de peso, peor regulación metabólica.
Por eso, en consulta no minimizo el insomnio como algo «normal de la edad». Lo abordo como parte integral del climaterio.
En consulta, uno de los aspectos que más trabajo con mis pacientes durante el climaterio es el enfoque preventivo. Esta etapa no debe abordarse únicamente cuando aparecen los síntomas, sino como una oportunidad para proteger la salud metabólica, muscular y ósea a medio y largo plazo.
La disminución progresiva de estrógenos influye en la composición corporal, la masa muscular, la densidad ósea y el riesgo cardiovascular. Por eso, el ejercicio y la nutrición forman parte esencial del abordaje que realizo en esta etapa. El tratamiento del climaterio no puede basarse únicamente en aliviar síntomas, sino en proteger la salud metabólica y muscular a largo plazo.
Cuando explico a mis pacientes los cambios del climaterio, siempre insisto en una idea: el músculo es salud.
El entrenamiento de fuerza es la intervención no farmacológica con mayor impacto en la preservación de masa muscular y funcionalidad. Sabemos que el trabajo con cargas mejora la síntesis proteica, la sensibilidad a la insulina y contribuye a mantener la densidad mineral ósea. En mujeres posmenopáusicas se ha demostrado que el entrenamiento de resistencia mejora fuerza y composición corporal.
Por eso, en mi consulta recomiendo incorporar entrenamiento de fuerza estructurado al menos dos o tres veces por semana, adaptado a la condición física de cada mujer. No hablo de ejercicio extremo, sino de un trabajo progresivo, supervisado cuando sea posible, que permita preservar autonomía y prevenir fragilidad.
Otro punto clave que abordo es la alimentación, especialmente la ingesta proteica.
Durante el climaterio puede existir una menor eficiencia en la síntesis muscular. Por ello, no basta con «comer sano» de forma general. Es importante asegurar un aporte adecuado de proteína diaria y distribuirla correctamente a lo largo del día.
En mujeres activas, especialmente si realizan entrenamiento de fuerza, ajusto las recomendaciones para favorecer el mantenimiento de masa magra y metabolismo basal. La calidad de la proteína y el aporte suficiente de aminoácidos esenciales son aspectos que explico con detalle en consulta.
También reviso posibles déficits nutricionales que pueden impactar directamente en la salud durante esta etapa.
Presto especial atención a:
No indico suplementación de forma sistemática; primero valoro analítica, estilo de vida y necesidades individuales.
Es decir, mi abordaje del climaterio no se centra únicamente en aliviar sofocos o regular ciclos. Busco acompañar a cada mujer en una transición fisiológica que afecta a todo su organismo.
Cuando es necesario, complemento estas estrategias con tratamiento hormonal u otras intervenciones basadas en evidencia científica. Pero siempre parto de una base: ejercicio, nutrición adecuada y seguimiento individualizado.
El climaterio no es una etapa de pérdida, sino una etapa de adaptación. Y bien acompañada, puede vivirse con salud y fortaleza.

En los últimos años, la creatina ha dejado de asociarse exclusivamente al rendimiento deportivo para situarse en el centro de nuevas investigaciones sobre salud femenina. Sabemos que su papel va mucho más allá del aumento de masa muscular, y su posible utilidad como parte del tratamiento del climaterio está generando un interés creciente.
La revisión más reciente sobre creatina en salud femenina analiza su impacto a lo largo de las distintas etapas vitales de la mujer, incluyendo la perimenopausia y la posmenopausia.
La creatina es un compuesto natural presente en el organismo que participa en la producción rápida de energía celular a través del sistema fosfocreatina-ATP. Se almacena principalmente en el músculo, aunque también tiene funciones relevantes en el cerebro.
Su suplementación aumenta las reservas intramusculares de fosfocreatina, mejorando la capacidad de generar energía en esfuerzos breves e intensos. Pero, además, interviene en procesos relacionados con función mitocondrial, recuperación muscular y, potencialmente, función cognitiva.
Tradicionalmente, gran parte de los estudios sobre creatina se han realizado en hombres. Sin embargo, las mujeres presentan diferencias hormonales que pueden influir en su metabolismo y respuesta a la suplementación.
Las fluctuaciones de estrógenos a lo largo de la vida reproductiva y su descenso durante el climaterio pueden modificar la utilización de creatina a nivel muscular y cerebral.
La investigación reciente subraya la necesidad de considerar estas diferencias fisiológicas al analizar su eficacia en mujeres.
Durante la posmenopausia, la suplementación con creatina, especialmente cuando se combina con entrenamiento de fuerza, ha mostrado beneficios en:
Algunos estudios en mujeres mayores indican que la combinación de creatina y ejercicio de resistencia potencia los efectos del entrenamiento.
Además, existe evidencia emergente sobre su posible impacto positivo en función cognitiva y estado de ánimo, áreas especialmente sensibles durante la transición menopáusica.
Sin embargo, los datos específicos en mujeres en perimenopausia todavía son limitados. La revisión destaca la necesidad de más estudios en esta etapa concreta.
El descenso estrogénico influye en la función mitocondrial y en el metabolismo energético. En este contexto, la creatina podría actuar como apoyo en la eficiencia energética celular.
Algunas investigaciones sugieren un posible papel en salud cerebral, fatiga y regulación del estado de ánimo, aunque aún se necesitan estudios más amplios y específicos en mujeres en transición menopáusica.
La evidencia actual respalda el uso de creatina como complemento al entrenamiento de fuerza en mujeres posmenopáusicas para mejorar fuerza y composición corporal. Su perfil de seguridad es favorable en dosis habituales.
No obstante, todavía faltan ensayos clínicos bien diseñados centrados exclusivamente en mujeres en perimenopausia, así como estudios a largo plazo que evalúen efectos metabólicos, cognitivos y óseos de forma específica en esta población.
En la consulta, la creatina no debe entenderse como una solución aislada, sino como una herramienta potencial dentro de un enfoque integral que incluya ejercicio estructurado, nutrición adecuada y seguimiento médico individualizado.
Cuando incorporo cualquier estrategia nutricional en el abordaje del climaterio, la primera pregunta que me hago es siempre la misma: ¿es segura y está respaldada por evidencia suficiente?
En el caso de la creatina, contamos con un perfil de seguridad ampliamente estudiado en población general y en mujeres adultas. En dosis habituales (entre 3 y 5 gramos diarios de creatina monohidrato), no se han observado efectos adversos relevantes en personas sanas. Las revisiones científicas actuales respaldan su seguridad cuando se utiliza de forma adecuada.
No obstante, es importante individualizar. En mujeres con patología renal previa, enfermedad metabólica compleja o situaciones clínicas específicas, la indicación debe valorarse de forma personalizada. Como cualquier suplemento, no está exento de contexto clínico.
En cuanto a la dosificación, la evidencia sugiere que no es necesario realizar fases de carga. La administración diaria continua de 3-5 g suele ser suficiente para alcanzar niveles óptimos musculares en pocas semanas. Además, su efecto parece ser más consistente cuando se combina con entrenamiento de fuerza, no como intervención aislada.
Ahora bien, también es fundamental hablar de lo que todavía no sabemos.Aunque los datos en mujeres posmenopáusicas son prometedores en términos de fuerza y composición corporal, aún faltan ensayos clínicos diseñados específicamente para mujeres en perimenopausia. La mayoría de estudios agrupan poblaciones o no diferencian claramente las fases del climaterio.
Tampoco disponemos todavía de suficiente evidencia longitudinal que evalúe efectos a largo plazo sobre salud ósea, riesgo cardiovascular o función cognitiva en esta etapa concreta.
Por tanto, desde un enfoque clínico responsable, considero la creatina como una herramienta potencialmente útil dentro de un plan integral, pero no como una intervención universal ni imprescindible para todas las mujeres.
La clave sigue siendo la misma: ejercicio estructurado, nutrición adecuada, seguimiento médico y decisiones individualizadas basadas en evidencia científica actual.
En mi consulta, el climaterio no lo planteo como una etapa de pérdida, sino como una oportunidad para intervenir de forma estratégica y preventiva.
El primer pilar es el entrenamiento de fuerza. No como recomendación genérica, sino como herramienta terapéutica estructurada. Mantener y estimular la masa muscular significa proteger el metabolismo, la sensibilidad a la insulina, la funcionalidad y la autonomía futura.
El segundo pilar es una nutrición adecuada, con especial atención al aporte proteico suficiente y bien distribuido a lo largo del día. La calidad de la proteína y el contexto dietético global son determinantes para preservar masa magra y evitar la progresión hacia sarcopenia o fragilidad.
En determinados casos, y siempre de forma individualizada, puede valorarse la suplementación con creatina como complemento al entrenamiento de fuerza. No es un recurso obligatorio ni universal, pero en mujeres adecuadamente seleccionadas puede aportar beneficios en fuerza y composición corporal. La decisión debe basarse en evidencia científica y en la situación clínica concreta de cada paciente.
Insisto siempre en que no existe un suplemento mágico. Ninguna intervención aislada sustituye a un enfoque integral.
El climaterio implica cambios hormonales inevitables, pero la forma en que atravesamos esta etapa sí puede modificarse. Con información rigurosa, seguimiento médico y estrategias basadas en evidencia, es posible reducir riesgos futuros y mejorar la calidad de vida presente.
Cuidar el músculo es cuidar el metabolismo.
Cuidar el hueso es prevenir fragilidad.
Cuidar el descanso y el bienestar emocional es proteger la salud global.
El climaterio no es el final de una etapa fértil. Es el comienzo de una etapa consciente.
Y bien acompañada, puede convertirse en uno de los momentos de mayor fortaleza y salud de la vida de una mujer.

Soy la doctora Bárbara Fernández del Bas, ginecóloga especialista en sexología, ginecología integrativa, funcional y medicina antienvejecimiento. Gracias a mi formación, la aproximación a mis pacientes siempre es de forma global. Soy consciente de que somos más que mamas, útero y ovarios. Somos un todo. Por eso, siempre busco los últimos avances científicos para ponerlos a disposición de toda mujer que los necesite
